2 abr. 2012

2 de Abril de 1982.


Te ví en una película llegada de Inglaterra
con la versión británica respecto a nuestra guerra.
No importa la película pues haré referencia
de su extensión tan sólo a una breve secuencia.

El gral. Menéndez, la historia ha de juzgarlo,

ya resignó su sable sin llegar a empuñarlo,

bajo cielo plomizo bajo custodia armada

avanza una columna para ser embarcada.


Marchan nuestros soldados arrastrando las botas,

envueltos en sus mantas y masticando derrotas,

y marchabas con ellos en el extremo izquierdo,

de una fila marchabas según lo que recuerdo.




Caminabas a largas zancadas desparejas

llevabas el casco metido hasta las cejas;

los dientes apretados el ceño de tormenta,

tu bigote era hoguera despeinada y violenta.




Bigotes colorados de bárbaro insepulto;

bigotazos propicios al alcohol y al insulto.

Caminabas con largas zancadas insolentes;

las cámaras siguieron tus pasos con sus lentes.


Caminabas ajeno a tales circunstancias,

la mirada sombría perdida en las distancias.

Al frente la mirada y en los tímpanos ecos

de cien mil estampidos repetidos y secos.


Sin embargo, de pronto, después de haber pasado

delante de las cámaras feroz ensimismado,

reparaste en el rol, el rol involuntario

que protagonizabas para el bando adversario.


Desandaste lo andado y altivo, compadrón

te plantaste delante de la televisión.

Registró el celuloide tu estampa socarrona,

con los brazos en jarras, la sonrisa burlona.




Tus bigotes de lacre a la sombra del casco,

dibujan un visaje de humor, de bronca, de asco.

Entonces, lentamente, cincelaste en un gesto

la actitud inequívoca de quién conserva resto.

[...]

Te agradezco soldado tu arrebato atrevido,

aunque ignore tu nombre e ignore tu apellido.





 Ni siquiera llevabas distintivo ninguno,
anónimo guerrero del sarcasmo oportuno.
Agradezco tu gesto repentino y audaz;
agradezco tu gesto patriótico y procaz.





Simbólico exabrupto, dirigido tal vez

no solo al enemigo, al vencedor inglés,

sino a la cobardía de aquel jefe prudente

que jamás ocupó su lugar en el frente;



al superior cobarde y al gobernante inepto;

al cálculo fallido y al errado concepto;

al cauto periodista que retaceó su aliento
al especulador que aprovechó el momento;

Al político dúplice, al literato críptico,

al abogado cómplice, al ideólogo elíptico,

al funcionario escéptico, al mendaz catedrático

al ámbito soviético y al mundo democrático.



Al este y al oeste, al imperio británico,

las Naciones Unidas y su Estatuto Orgánico,

a la Comunidad mercantil europea,

a cada voto adverso emitido en la OEA,


Al modo como actuaron los norteamericanos,

a las Ligas que agitan los derechos humanos.

Celebro, combatiente, tu gesto simple y gráfico,

tu rotundo ademán docente y pornográfico.

Tu gesto dirigido hacia todos los vientos,


Que involucra no obstante opuestos sentimientos,

Pues implica un arranque de gratitud primaria,

que puede establecerse por deducción contraria.

Tu repudio, en efecto, también es expresión

de apoyo para quienes te dieron su adhesión.



Expresión paradójica de afecto transitivo

Abrazo recato, tangencial, primitivo.


Escueta acción de gracia al pueblo solidario

Y al generoso impulso de cada voluntario,

y a cada escarapela que adornó una solapa,

y a cada plaza llena que animó nuestro mapa.


Al aporte entregado en la colecta pública,

A la emoción patriótica de toda la República,

A los tantos rosarios desgranados en coro,

Pidiendo la victoria o una paz con decoro,


A la voz espontánea, diferente y genérica,

de apoyo que elevaron las naciones de América,

al piloto esforzado y al marino cabal,

al conscripto, al gendarme, al cabo, al oficial,

que suplieron cumplir con su deber de soldados

en aquellos lejanos parajes desolados,

al jovial camarada que segó la metralla,

a la sangre fraterna derramada en batalla.




Por éstas y otras cosas que tu gesto delata,

lo celebro guerrero del bigote escarlata.



Celebro tu ademán, celebro tu talante,

celebro el alegato inscripto en tu desplante.

Y propongo que el bronce conserve en alegórico

monumento tu gesto canyengue y metafórico.



Tu brazo proyectado en trunca trayectoria

nos estará indicando el rumbo de la Historia.

Con su órbita inconclusa, tu antebrazo ascendente

dirá de la existencia de un asunto pendiente.

Plástico y elocuente tu ademán detenido

gritará que la guerra no es asunto concluido.


Pues allí, circundadas por espuma revuelta,

Las Malvinas esperan, esperan nuestra vuelta.

Y tu corte de manga nos señalará el camino

Que nos lleve otra vez hasta 

Puerto Argentino


Juan Luis Gallardo.


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