10 jul. 2012

Twice Told Tale- Anderson Imbert

Perseguido por la banda de terroristas Malcolm corrió y corrió por las calles de esa ciudad extraña. Eran casi las doce de la noche. Ya sin aliento se metió en una casa abandonada. Cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad vio, en un rincón, aun muchacho todo asustado.
      ¿A usted también lo persiguen?
      Sí       dijo el muchacho.
      Venga. Están cerca. Vamos a escondernos. En esta maldita casa tiene que haber un desván... venga.

Ambos avanzaron, subieron unas escaleras y entraron a un altillo.
      Espeluznante, ¿no?       murmuró el muchacho, y con un pie empujó la puerta. El cerrojo, al cerrarse sonó con un clic exacto, limpio y vibrante.

      ¡Ay, no debió cerrarla! Ábrala otra vez. ¿Cómo vamos a oírlos, si vienen?
El muchacho no se movió. Malcolm, entonces, quiso abrir la puerta, pero no tenía picaporte. El cierre, por dentro, era hermético.
      ¡Dios mío! Nos hemos quedado encerrados.
      ¿Nos? -dijo el muchacho   . Los dos, no; solamente uno.
Y Malcolm vio cómo el muchacho atravesaba la pared y desaparecía. 

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